lunes, 21 de enero de 2013

instilando estulticia-de lucaslucatero- UN RENCOR VIVO

hay visitas que dejan
envenenados los ceniceros...

y
mientras nosotros divagamos
hay otros, que,
se resisten
a mirar...

instilando imágenes

RAMÓN LÓPEZ DE LA SERNA-instilando gregarios


HOY AMANECÍ GREGARIO
P. D.
TÚ, NO ME HABLES!!!




viernes, 18 de enero de 2013

INSTILANDO SEMIÓTICA-lucaslucatero UN RENCOR VIVO

mariella mulas

Suonare il silenzio
a una luna  eterea...
arco essa fasciante
di luce bianca tenue...
Odo malinconia
come fruscio dell'anima
solitaria...
ma illudo l'attimo
e invento l'eco
di un canto che intona
amore,
che  propaga sussurri,
che richiama premura
di un sogno sospeso,
che accompagna
la notte nel suo divenire
respiro.
E suona il riflesso
pianoforte sui tasti
della nostalgia,
il silenzio sa di melodia
di lontananza
e anche la luna ascolta
glaciale quella malinconia
del cuore abbandonato. 

miércoles, 16 de enero de 2013

INSTILANDO-RETÓRICA


http://profile.ak.fbcdn.net/hprofile-ak-ash4/187410_628676375_1527630058_q.jpg
Claudia Masin añadió una nueva foto: "Del extraordinario libro de Emmanuel Carrere, De vidas ajenas (los que no lo hayan leído, lean este libro!): "Está de nuevo tendido cerca de ella, pero más cómodamente, casi como si estuvieran en la cama conyugal. Ella respiraba sin tropiezos, parecía no sufrir. Navegaba en un estado crepuscular que en un momento dado iba a convertirse en la muerte, y él la acompañó hasta aquel momento. Se puso a hablarle al oído, muy bajo, y mientras hablaba le tocaba suavemente la mano, la cara, el pecho, a intervalos la besaba con un roce de los labios. Aun sabiendo que su cerebro ya no estaba en condiciones de analizar las vibraciones de su voz ni el contacto de su piel, era seguro que su carne los percibía todavía, que ella entraba en lo desconocido sintiéndose rodeada por algo familiar y amoroso. Él estaba allí. Le contó la vida que habían vivido juntos y la felicidad que ella le había dado. Le dijo cuánto le había gustado reírse con ella, hablar de todo y de cualquier cosa con ella, y hasta pelearse con ella. Le prometió que seguiría adelante sin flaquear, que se ocuparía bien de las niñas, que no debía preocuparse. No olvidaría ponerles las bufandas para que no se resfriasen. Le cantó canciones que a ella le gustaban, le describió el instante de la muerte como un gran fogonazo, una ola de paz de la que no se tiene idea, un retorno bienaventurado a la energía común. Un día él también la conocería y los dos volverían a reunirse. Estas palabras le salían sin dificultad, las enunciaba en voz muy baja, muy serena, le envolvían a él mismo. Es la vida la que duele al resistirte, pero el tormento de estar vivo concluía. La enfermera le había dicho: las personas que luchan mueren más deprisa. Si aquello duraba tanto tiempo, pensaba él, era porque Juliette había dejado de luchar, que lo que quedaba de vivo en ella estaba tranquilo, abandonado. No luches más, mi amor, suelta, suelta, déjate ir. Hacia medianoche, sin embargo, se dijo que no era posible, no era posible que al día siguiente continuara en este estado. A las cuatro de la mañana, decidió, desconectaría el respirador. Pero a la una ya no aguantaba la espera, pensó que era Juliette quien le comunicaba esta impaciencia y fue a ver a la enfermera de guardia para preguntarle si no podría desconectarlo ella porque creía que había llegado el momento. Ella dijo que no, podría ser brutal, más valía que las cosas siguieran su ritmo. Más tarde, Patrice se durmió. Un helicóptero le despertó un poco antes de las tres. Permaneció suspendido mucho tiempo encima del hospital. A continuación, fijó la mirada en el despertador. A las cuatro menos cuarto, la respiración de Juliette, que ya no era más que un hilo, se detuvo. Él se quedó un momento al acecho pero ya no había nada, el corazón ya no le latía. Se dijo que ella había adivinado lo que él pensaba hacer a las cuatro y se lo había ahorrado.""
Del extraordinario libro de Emmanuel Carrere, De vidas ajenas (los que no lo hayan leído, lean este libro!): "Está de nuevo tendido cerca de ella, pero más cómodamente, casi como si estuvieran en la cama conyugal. Ella respiraba sin tropiezos, parecía no sufrir. Navegaba en un estado crepuscular que en un momento dado iba a convertirse en la muerte, y él la acompañó hasta aquel momento. Se puso a hablarle al oído, muy bajo, y mientras hablaba le tocaba suavemente la mano, la cara, el pecho, a intervalos la besaba con un roce de los labios. Aun sabiendo que su cerebro ya no estaba en condiciones de analizar las vibraciones de su voz ni el contacto de su piel, era seguro que su carne los percibía todavía, que ella entraba en lo desconocido sintiéndose rodeada por algo familiar y amoroso. Él estaba allí. Le contó la vida que habían vivido juntos y la felicidad que ella le había dado. Le dijo cuánto le había gustado reírse con ella, hablar de todo y de cualquier cosa con ella, y hasta pelearse con ella. Le prometió que seguiría adelante sin flaquear, que se ocuparía bien de las niñas, que no debía preocuparse. No olvidaría ponerles las bufandas para que no se resfriasen. Le cantó canciones que a ella le gustaban, le describió el instante de la muerte como un gran fogonazo, una ola de paz de la que no se tiene idea, un retorno bienaventurado a la energía común. Un día él también la conocería y los dos volverían a reunirse. Estas palabras le salían sin dificultad, las enunciaba en voz muy baja, muy serena, le envolvían a él mismo. Es la vida la que duele al resistirte, pero el tormento de estar vivo concluía. La enfermera le había dicho: las personas que luchan mueren más deprisa. Si aquello duraba tanto tiempo, pensaba él, era porque Juliette había dejado de luchar, que lo que quedaba de vivo en ella estaba tranquilo, abandonado. No luches más, mi amor, suelta, suelta, déjate ir.
Hacia medianoche, sin embargo, se dijo que no era posible, no era posible que al día siguiente continuara en este estado. A las cuatro de la mañana, decidió, desconectaría el respirador. Pero a la una ya no aguantaba la espera, pensó que era Juliette quien le comunicaba esta impaciencia y fue a ver a la enfermera de guardia para preguntarle si no podría desconectarlo ella porque creía que había llegado el momento. Ella dijo que no, podría ser brutal, más valía que las cosas siguieran su ritmo. Más tarde, Patrice se durmió. Un helicóptero le despertó un poco antes de las tres. Permaneció suspendido mucho tiempo encima del hospital. A continuación, fijó la mirada en el despertador. A las cuatro menos cuarto, la respiración de Juliette, que ya no era más que un hilo, se detuvo. Él se quedó un momento al acecho pero ya no había nada, el corazón ya no le latía. Se dijo que ella había adivinado lo que él pensaba hacer a las cuatro y se lo había ahorrado."


lucASLUCATERO-INSTILANDO-HERMENÉUTICA

EL MONO
EL MEJOR AMIGO DE 
DE LA MUJER
no entendí...Fotografía

LUCASLUCATERO-UN RENCOR VIVO


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instilando la palabra

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